Como la vida externa sigue como siempre y las dos noticias del día son, la desaparición del avión egipcio y la propaganda que todos los medios le están haciendo gratis et amore a Otegui, mejor dejo la actualidad.

Y, hoy para variar, miraré el ombligo local, así emularé a esos líderes y lideresas que moran en el país, que se supone velan por nosotros pero que sólo miran el suyo.

Aclaro que al decir local, me refiero a esta maravillosa ciudad que es capaz de sobrevivir a todo tipo de alcaldes, alcaldesas  y oposiciones varias, pero que últimamente parece estar en una carrera hacia un cambio total.

En uno de esos vaivenes tan españoles, que nos llevan de un extremo a otro, hemos pasado de que aparentemente a nadie le importaba un rábano tener museos o no, a una situación en que ese asunto se ha convertido en el mantra del momento.

Durante décadas, como diría un ciudadano de los antiguos, “hicimos el avío” con un par de museos, a los que además, no se puede decir que nos amontonáramos para ir. La elite cultural del momento cabía en un pañuelo, y para ella y para mí, acostumbrados a lo tradicional, había un acomodo a la situación. Las ansias museísticas, se dejaban para los viajes. Esto, además de satisfacerte, te hacía sentirte orgulloso sintiéndonos afortunados y privilegiados por poder hacerlo.

Pero, ¡ay!, cuando estábamos en ese extremo de la balanza, inopinadamente se abrieron las aguas del Mar Rojo cultural, y la ciudad se dedicó a fabricar museos a contrarreloj y a aspirar sin respiro, a ser el faro cultural de Europa.

Ahora, tenemos museos, y aquí englobo museos y colecciones museísticas que es algo diferente, para todo, y eso a pesar de que alguno nacieron muertos, como aquel de las joyas. Los hay del vino, del cristal, de costumbres populares, de cofradías, de toros, de futbol…, en fin, de casi todo, incluyendo sucursales de rusos y franceses.  

Pero, falta uno, el más importante y principal, uno de Antropología Local con mezcla de flora y fauna humana local. Este debería ser una colección de aquellos malagueños que están desapareciendo o en trance de desaparición, a gran velocidad. Debería mostrar un zapatero remendón, un ferretero, un pequeño comerciante, un vendedor de la Rápida… es decir, toda esa antigua fauna que empujada por las grandes superficies y por la ambición municipal de hacer de esta una ciudad teatro, están siendo, despeñadas por los progres actuales.

Todo esto se debería mostrar en entornos acordes con sus antiguas actividades para que la gente, que ya no reconoce ni a gallinas ni a vacas en directo, pueda al menos recordar cómo era esta Málaga pre-moderna.

Pero, en este recuento, falta un ejemplo importante; el Urbanita Vecino del Centro. Serviría para demostrar que en algún momento de la historia, el centro además de bares, restaurantes, heladerías y franquicias, también contaba con lo que Hacienda llama personas físicas, que circulaban, gastaban e incluso vivían en el Centro. Para este, yo podría aportar documentación.

He entrado en un bucle histórico-emotivo y creo mejor dejarlo. Quizás otro día, recuperado, lo continúe.   

Hasta mañana.           Pepeprado

Written by Pepeprado
De Málaga, España