Pretendo cerrar el viaje de estos días, y poner las explicaciones que ayer no pude dar, y ya, a hora menos intempestiva. Como tengo las fotos que me faltaban, paso a comentarlas. Como ya es habitual en  nosotros, desde que llegamos brilló el sol a diario, y solo cuando ya íbamos camino del aeropuerto es cuando empezó a llover. No obstante, aunque fuera a través de una ventanilla mojada y al paso, pude captar esta fachada tan ecléctica y liberada de prejuicios. Este tipo de pinturas en fachadas, en nuestra tierra es impensable, especialmente si andas por algún área de esas que las autoridades califican como de interés histórico, donde sólo los organismos oficiales pueden hacer lo que les dé la gana, mientras a los ciudadanos nos aplican todo tipo de restricciones y no puedes cambiar ni el color de una ventana.

Ya llegados al Aeropuerto, la sorpresa de la que hablaba. Fuimos con bastante tiempo, por si acaso, y cuando llegamos a la zona de facturación, estaba… vacía. Ni una sola cola, ni un mostrador abierto, etc… solo dos o tres señoritas ataviadas con el verde reglamentario que estaban allí para ayudarte, pero ayudarte de verdad. Cuando preguntamos a una, nos llevó amablemente a ese chisme que se ve en la segunda foto, allí en medio del hall, pusimos la maleta, el artilugio la pesó, y tras pasar nuestra tarjeta de embarque por un lector que también incorporaba la máquina, esta emitió la correspondiente etiqueta. Tras esto, llevamos la maleta al único mostrador que se veía encendido, y allí, al poner el bulto en la cinta, un lector “leyó” la etiquetar y se la llevó. Todo esto, sin ninguna discusión, ninguna explicación y ninguna molestia. A mí, veterano retirado de estas cosas, aquello me emocionó, e incluso, me dio la sensación de que nuestra maleta, de verdad iba a llegar a Málaga sin problemas, impresión que nunca tuve cuando las intervenciones eran humanas y yo miraba mi maleta sabiendo que quizás no la volvería a ver en días.

El resto de trámites, policía, seguridad etc,.. cómodos, eficaces  y siempre con las menores molestias posibles. Como esto fue tan rápido, tuvimos tiempo para todo. Una de las cosas, (otra) que me llamó la atención, fue la proliferación de los artilugios de la tercera foto. Unas maquinas que te preguntaban tu opinión, y pedían que mostraras tu grado de satisfacción con el servicio. Las había en medio del espacio central, preguntando por el funcionamiento del aeropuerto en general, en las servicios para ver si los considerabas limpios, modernos, y`útiles, y en cualquier tienda. En ellos podías quejarte sin más explicaciones.

Sabiendo lo difícil que resulta en España quejarse de algo, y la inutilidad de ello, esta facilidad para mostrar tu posible disconformidad o, porqué no, también tu agradecimiento a un buen servicio, me dejaron pasmado. Eso es otra cosa. Aquí cuando intentas quejarte, lo primero que intentan es demostrar que el culpable de todo… eres tú. Nos falta mucho de eso que llaman “educación ciudadana”.

Tras esto, y con un viaje tranquilo, llegamos a nuestra tierra, y ahí sí, ahí estaba el “estilo español” para todo, incluida hasta una pelea, afortunadamente sólo dialectica, a grito pelado, entre taxistas que además, obligaron a unos inocentes pasajeros a desembarcar sus maletas de un  taxí, que previamente le habian indicado como el apropiado,  y trasladarlas a otro, al del venceor. Por lo gritos de los contendientes y el resto de los taxistas, el asunto era que aquellos guirís eran carne de cañón, “un chollo”, iban más allá de Fuengirola, y eso daba mucho margen… Lamentablemente una con uniforme que estaba allí y se suponia que era para organizar, no daba tampoco la talla, aunque si hubiera intentado mediar, es posible que se la hubieran comido, Con esto, y el clavito que nos correspondió, nos dimos cuenta; estabamos en casa.

El resumen final personal es positivo. Tres o cuatro días sin oír hablar de los catalanes, de los partidos políticos, de las tonterías nacionales, etc. hacen mucho, te relajan el espíritu. Tras esto, al leer los güasaps atrasados, me enteré de lo de la “portavoza”. Afortunadamente, en el mismo mensaje me daban una buena argumentación válida; si esta berenjena política dice esto, se le puede aplicar la misma regla, que constataría que ella es, en vez de ‘cargo público’, “una carga pública”.

Tras esto y para terminar de españolizarnos, nos fuimos al bar de un amigo y tras unas tortillitas de bacalao y un par de gin tónics, de Larios, naturalmente, terminamos nuestra aclimatación.

Mañana ya me inyectaré cosas de aquí para ponerme al día, que seguro serán un horror, y el próximo lunes cuento lo que me parecen.

Hasta mañana           Pepeprado

Written by Pepeprado
De Málaga, España