Realmente estos dos días son, gracias a haber caído Reyes en Miércoles, una especie de rabo a desollar antes de volver a eso que se llama rutina que ya algunos esperamos tener. Son los días en los que hay que desmontar la Navidad y meter mano a esos asuntos que se dejaron aparcados.

De estos Reyes pasados, lo de siempre, alegría para los niños y gastos para los mayores, y lo único que ha llamado la atención, es la suerte de ese hostelero al que le ha tocado el Gordo y el Niño. Todo esto, sin ser político, que parece que es a los que más les toca las loterías.

Hoy, aparte de que don Pedro se ha ido a aprender a cantar fados, y de que los de la Cup y los de Jxsí siguen mareando la perdiz, quizás para despistar y desviar la atención de otros que pueden cambiar su voto en otros partidos, lo que me ha llamado la atención ha sido el ataque en El Cairo contra un autobús con turistas en El Cairo cerca de la Pirámides.

Parece que esto no tiene que ver con nosotros, pero de eso nada. Todo lo que se estornude en el Mediterráneo sirve para aliviar el resfriado patrio. No hay que ser hipócritas, en este país donde la mayor industria es el turismo, cualquier cosa que asuste en terrenos competidores nos viene al pelo. Hemos puesto todos los huevos en el mismo canasto, y mientras el canasto nuestro sea el único, la cosa marchará, pero si algún día los demás se tranquilizan y dejan de matarse, se nos puede ver el plumero.

Esto de depender del turismo, es particularmente arriesgado en nuestra ciudad, donde esta industria es la única. Estamos hartos de oír hablar de la burbuja inmobiliaria, pero nadie se para a pensar en la burbuja hostelera que se ha montado en Málaga. Nuestros dirigentes junteros y municipales se conforman con cobrarles a los hosteleros, y cuantos más haya, mejor. Es más fácil dejar que la ciudad se convierta en un inmenso centro de gastronomía y bebercio, en vez de quebrarse la cabeza para organizar una vida ciudadana. Al paso que vamos, en un futuro próximo, aquello que se decía de la ardilla que podía saltar de árbol en árbol por toda la península sin tocar el suelo, se podría trasladar a Málaga diciendo que se podría circular por Málaga de bar en bar sin pisar la calle.

Naturalmente a esto hay que sumarle la facilidad municipal para aceptar la instalación de mega superficies comerciales para los que todo son facilidades, que para los pequeños comercios, se convierten en dificultades. Algún día se podrá saber cómo funcionan las tarjetas de compra de alguno de estos grandes almacenes y a lo mejor ayuda a explicar esto.

En fin, dejémoslo, e intentemos olvidar los últimos desmanes contra las tradiciones de estos días que hemos pasado, y dediquémonos a empezar a echar fuera este 2016.    Hasta mañana.        Pepeprado

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