Parece mentira la cantidad  de energía que dos mozas de 7, Clara, y 3 años. Vega, que por cierto los cumple hoy, pueden almacenar. Ni el MIT ni la Universidad de Wisconsin ni ninguna otra de esas que lo estudian todo, y cuanto más raro más, lo pueden cuantificar. O, quizás es que yo ya no esté lo aguerrido que se necesita para mantener el ritmo de estas dos mujercitas, que también puede pasar.

Resumiendo, el día de ayer fue magnifico pero agotador.

Como es natural, de las noticias del universo mundo nada de nada, bastante tenía yo con habitarlo, así que de resúmenes noticiables nada. Pero sí voy a hablar de esta ciudad, Sevilla.

Dejando aparte las connotaciones susanescas, que las hay, me voy a centrar en la vida ciudadana, y mi impresión, se puede resumir, en una sola palabra; envidia.

No puedo dejar que mi cariño a “mi” Málaga me enturbie las ideas, y debo reconocer qué, y esto me pasa desde siempre, cada vez que vuelvo aquí me enamora, es lo mismo y por las mismas razones que me pasa cuando voy a Córdoba, simplemente porque han sabido mantener su identidad, cosa que nosotros no hemos sabido hacer y seguimos sin saber hacerlo.  Aquí no da ‘vergüenza’ tener los locales decorados con azulejos que se fabrican aquí mismos, no se recurre solamente al plástico, al acero inoxidable y al aluminio para ornamentar bares y restaurantes, lo que da a cada establecimiento un carácter definitorio y diferenciado. Tampoco se avergüenzan de sus tradiciones ni se dejan llevar por lo foráneo, y todo esto hace dar a la ciudad  un carácter diferenciado.

Pero hay más, y esto lo voy a documentar con una foto, esta;  

No es de ningún rincón ‘especial’, no es una imagen especialmente buscada, es de uno de esos rincones de los que los hay a cientos, de cualquier calle, de cualquier barrio, aunque este sea del mismísimo centro. ¿Qué es lo que tiene? ¿Qué es lo que llamó mi atención?

Simplemente que esa imagen ya hace años que no se puede ver en Málaga. >Aunque la imagen no es de demasiada calidad, es del móvil, se pueden distinguir una tiendecita de repuestos de electrodomésticos, con taller de reparaciones, después una tienda de zapatos y cueros donde no solo los venden, también los reparan, otra de esas que vende de todo, y que ahora, cercana la Semana Santa se centra en ella, y aunque queda fuera de la imagen aún hay un par más de tiendas de esas de las que había antes e todas las ciudades, pero que en la mía han desaparecido.

En nuestra ciudad, especialmente en el centro, es difícil encontrar artesanos de los de siempre, en el centro es un problema hasta, simplemente, comprar unos cordones para los zapatos. Naturalmente quedan héroes que se dedican a estas cosas, en el centro queda UNA ferretería, un localito en   calle Álamos que arregla zapatos, una tienda reparadora de bolsos en calle Granada, etc… pero son rara avis que se resisten pero que en su soledad caerán y nos dejaran huérfanos.

Frente a esto, y mientras las estrechas callejuelas sevillanas dejan pasar a los coches, eso sí con precauciones, aquí peatonalizamos para hacer del centro una especie de gran teatro para los turistas, y las multinacionales y las grandes superficies copan el mercado. Todo esto por esa catetada de sentirse los más cosmopolitas del mundo sin tener muy claro ese concepto de cosmopolitismo.

Podría seguir, pero quiero dar una vuelta antes de irnos de vuelta, para que  mi Veguichi celebre su cumple con sus papás y sus amigas, y yo a la presentación del cartel de Frente a la Tribuna y al Foro de este mes.

Pero todo se resume en esa palabra, envidia, sana, si eso es posible, pero envidia.

Hasta mañana

Pepeprado

Written by Pepeprado
De Málaga, España