Un poco del calor, un poco de las noticias y, por qué no decirlo, para dejar de sentirme extraño entre los turistas de mí ciudad convirtiéndome yo en turista en otra urbe, me he escapado. Es decir, que me voy, o mejor, me llevan (mi Maru y mi hija Bea), de viaje unos días.

Como es natural en estos caso, ya he disfrutado de las delicias de ser un intrépido aventurero, es decir, levantarte al alba, cargar maletas, coger un taxi que, comparativamente, te cobra más por llevarte al aeropuerto que el billete que has comprado para atravesar media Europa, y después, disfrutar de las delicias de un mega aeropuerto, entre ellas un desayuno a precio qatarí.

En esto último el único detalle agradable es constatar que de esta megalópolis pan aérea me escapé a tiempo. Como aún me queda algo de ese ya denostado poso de romanticismo, prefiero recordar aquellos entornos en los que yo me movía, donde nos conocíamos todos, tomabas café con cualquiera y todo estaba a mano, y no venir a diario a perderte en este monstruo actual, deshumanizado, con distancias difícilmente mensurables para un mortal común y sin alma. Me fui a tiempo, porque está claro, en aquellos mis aeropuertos, se curraba a tope, pero también te divertías a modo, y siempre estaba presente la posibilidad de lo inesperado, porque entonces los manuales no lo contemplaban todo, a veces sobre la marcha tenías que inventar soluciones para problemas nuevos, no todo consistía en introducir datos en una máquina.

En fin, que ya estoy a bordo de un avión de Eurowings, donde al menos, el espacio entre asientos es bastante aceptable y no necesito incrustarme el ordenador entre el estómago y el hígado. Algo es algo.

Eso sí, antes de irme ya me enterado que si miras de forma que alguna ultra feminista de pro, le parezca mal, o dices un piropo a alguna señora o señorita de buen ver, te puedes meter en un lío de narices. Es otro detalle más del entregado sanchísmo delirante que estamos viviendo, donde según se está poniendo el asunto, ser un antiguo macho/hombre/ciudadano o como haya que decir ahora, es arriesgado, especialmente para gente como yo, que a veces, muchas veces, vamos mirando sin ver, y esto, va resultar más peligroso qué, como se decía antes, tener una piraña en un bidet.

Por ahora lo dejo, y cuando llegue a mi primer destino, Viena, y tenga wifi, contaré cual Marco Polo posmoderno, algo más de mis aventuras viajeras.

Ya estamos en el país de los perfectos, donde no se ve un papel en el suelo ni una mancha en la pared… al menos allá donde vamos los turistas. Hasta ahora lo único que hemos visto es que el 90 por ciento de los choferes contratados por agencia, son árabes o asimilados, que hay, cómo no?,  una tienda de Tiger y hasta ahora sólo he visto una tienda de chinos, aunque aquí el rótulo pone “Oriental shop” y es de chinos luxury. Como hemos comido tarde para el país, e incluso para nosotros, no hay demasiado que contar, pero para ilustrar nuestra historia viajera pongo dos fotos.

Una desde el avión y donde si agrandáis y miráis, veréis que no todo son nubes, también hay montañas nevadas (sin ánimo de ofender a los nuevos amos).

La  otra es de la terracita del hotel donde vamos a estar esta noche, ya que mañana nos embarcamos para una procelosa travesía fluvial.

Con esto por hoy, voy a acabar, ya mañana veremos como se nos presenta el día. Inútil aclarar qué, por si acaso, viene con nosotros una botella de Larios para recordar a la patria…

Hasta mañana         Pepeprado

Written by Pepeprado
De Málaga, España