Aquí estoy. El final del viaje fue razonablemente bueno. El avión un poco movidillo pero al final aterrizó donde debía. Lo peor, Barajas, al que sigo considerando uno de los aeropuertos más inhóspitos del mundo. El tren más tranquilo. En el AVE hasta nos pusieron una buena película, “El instante más oscuro (2017)”, que trataba de la crisis de Churchill cuando Dunquerque y que da envidia al ver a un estadista así (no cómo los que tenemos por aquí). Si os cae en las manos por ahí, merece la pena verla.

Ya de vuelta por estos lares, queda rememorar y ¿por qué no?, comparar. Como en todo, no existe la perfección, pero sí existe el deseo de buscarla. Hemos visto ciudades de todos los tamaños, todas muy antiguas y en realidad muy, a veces, maltratadas por la Historia, pero que todas han  respuesta lo destruido, han renovado y han evolucionado hacia este siglo y las mantienen preciosas.

En todas, un muy buen servicio de transportes urbanos, en algunas gratis para los mayores de edad, y todas limpias como patenas. Cuando he vuelto a “mi” ciudad, me he vuelto a encontrar con los malos olores, los gritos en la calle, y especialmente con un muy tradicional problema nuestro y muy nuestro; los suelos.

Tras haber paseado por esas ciudades, algunas con suelos que datan de centenares de años, con otros que son de una dura posguerra, y con algunos modernos, todos, absolutamente todos están en buen estado. Puedes paseare mirando el paisaje, admirando los monumentos e incluso levantando la vista al cielo, sin nunca tener que preocuparte de donde pones los pies. Cuando llegas aquí, tienes que ir mirando al suelo para no, meterte en un charco, algunas de las veces de orines, no tropezar con algún adoquín sobresaliente o caer en uno de los pequeños y no tan pequeños socavones de andar por casa, que te pueden dejar los tobillos hechos cisco. No digamos ya, si algún bienaventurado día llueve… entonces a esto se le añade la clase de patinaje improvisado. Todo, peligroso e impresentable. Estoy pensando irme un día de estos con la cámara y “documentar” el estado de algunas calles del centro, que, curiosamente, han sido embaldosadas no hace tanto y a gran precio.

Todo esto es pues, eso que llamamos la normalidad. Ahora me queda lo peor, que es la inmersión en las noticias, El conocimiento día a día de saber en que manos estamos, y las ganas de llorar al ver el panorama.

En fin, todo eso lo haremos mañana lunes, hoy, sirva esto de cierre al viaje y de repito, vuelta a eso, a la normalidad.

Para animar el día, pongo una bucólica foto de otro viajero del  Danubio que se nos cruzó. Con esto, lo dejo.

Hasta mañana.                    Pepeprado

Written by Pepeprado
De Málaga, España