Como prometí ayer, quiero hablar de otra de esas incongruencias ahora habituales en este nuestro bendito país.

Hablo de lo del Master Chef Junior. Confieso que no veo programas de cocineros endiosados, ni concursos arrabaleros, pero por casualidad en uno de esos zappings que hay que hacer hasta encontrar algo medio útil en la tele, vi a los niños que están en el programa y me impresionó su tensión. Después me he enterado que ya ha terminado y que al ganador le han dado el fastuoso premio de “12.000 euros en metálico, un curso de cuatro días en el Basque Culinary Center y el trofeo del programa”. Para llegar a esto, el ganador y los perdedores han estado sufriendo stress, llorando, han soportado reconvenciones, y según me cuentan han tenido hasta que comer grillos.

Todo esto… ¿para qué? Pues simplemente para que unos orgullosos papás intenten a partir de ahora vivir de las habilidades de su niño, no olvidemos son niños de 10/11/12 años, para que unos adultos se erijan en todopoderosos jueces, y para que una cadena y sus satélites suban las audiencias.

Y esto se admite en un país en el que a un padre por darle una torta a su niño lo pueden meter en la cárcel, donde los maestros no pueden castigarlos de ninguna manera, donde los “expertos en todo” claman para que a los nenes no se les pongan deberes para casa porque eso sería inhumano, y donde ya, en el último ejemplo de gilipollez, hay quienes están promocio9nando la idea de hacer un contrato entre padres e hijos.

Todas estas “atrocidades”, el guantazo, los deberes, etc…, se contemplan como abusos, pero llevar a los nenes a las teles a ver si gracias a sus virtudes vocales, sus habilidades culinarias, o cualquier otra cosa que les parezca aprovechable, se les puede sacar partido. Parece que no son malas, no son «explotación del menor». Eso sí vale, así los papás podrán fardar… y cobrar. Claro que ya está dando sus frutos esa protección extrema; “Un niño de 11 años se escapa de su casa en Valladolid tras ser castigado sin móvil”. Ahora, que metan en la cárcel al padre o a la madre por haberle quitado el móvil.

Ante esto como vamos a sorprendernos de que la defensa del Puchmamón pregone que «España es un Estado delincuente, como Kazajistán«, en su demanda contra el juez Llarena, al que por cierto nuestro Gobierno ha dejado desamparado, o que un tal señor Zaplana se vaya a morir en la cárcel sin haber sido juzgado todavía, mientras dejan en libertad a quien ha maltratado a su bebé de tres meses, o a los que violan en grupo. Esas son cosas menores.

Tras esto, y desgraciadamente sin tener noticias del niño de Totalán, no voy a mirar las noticias, para no empezar estropeándome el día.

De nuestro viaje todo estupendo, Oviedo es un encanto de ciudad, señorial y tranquila, y donde todavía quedan muchos comercios de los tradicionales. Y de comer, ni te cuento, aquí los que asomos un desperdicio somos los que comemos poco. Y las pastelerías… ¡ay, las pastelerías!…. mejor lo dejo.

Pongo una foto en cierto modo contraria a mi costumbre, que es la de no poner fotos personales, pero es que el cartel me enganchó.

Con esto, hoy lo dejo muy tempranito, mañana no sé qué pasará.

Hasta mañana         Pepeprado

 

Written by Pepeprado
De Málaga, España