Vamos a ver, el panorama sigue como siempre. Por ejemplo en Trumpolandia otro chaval  al que habían expulsado, se ha cargado a 17 personas con su rifle de asalto y múltiples cargadores, así que nada nuevo

La victoria del señor Regino Hernández, que como es de Ceuta y Málaga no tiene problemas con hacerse fotos con la bandera de España. Ha ganado el bronce en unos JJOO de invierno. Si este hombre consigue sacarle la mitad del provecho que le sacaron los Fernández Ochoa a la medalla ya está situado para toda la vida. Enhorabuena.

De las guarrerías, hoy, por fin, la Audiencia Nacional ha dictado que entren en la cárcel los de Afinsa, cuando muchos de los damnificados hasta se han muerto. Aquí viene bien eso de las buenas horas de los mangas verdes.

El que bate records, es el fulano que se tiró diez años cobrando sin currar en Valencia. Ahora intentó hacer una exposición, con nombre supuesto y en premisas municipales, con su particular punto de vista. Al menos no lo han dejado, pero que yo sepa, este “tampoco” ha devuelto ni un duro.

Y en Málaga lo mismo. Doña Susana dice que sí al Rascapuerto, con lo que está clarísimo que nos lo tragamos, ya que es rarísimo que Junta y Ayto. estén de acuerdo en algo, y en esto lo están. Ellos sabrán por qué ahora se quieren.

En lo malo de a flor de tierra, dos chavalas (una 13 años y una amiga de 18) en Estepona estuvieron a punto de palmarla porque un fulano les arrimó, tras su petición, un cóctel de drogas. Dieron positivo “sólo” en cocaína, cannabis, metadona y benzodiacepinas. Han detenido al fulano, pero una de las jóvenes ya se escapó de la familia para buscar más droga. Una pena.

Dejo estas cosas y me voy a un pensamiento personal emotivo-bucólico.

Entre esas cosas que hemos perdido, quizás no inscritas en eso que llaman Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, están los sonidos y la vista de nuestros pájaros. Aquellos que vivís o simplemente circuláis, (a pie, naturalmente) por el Centro, podréis echar a faltar la presencia de aquellos gorriones que a primera hora de la mañana ya empezaban a sonar y que andaban limpiando las migajas de comida que hubiera en las calles, sin molestar ni estorbar. Tampoco, veréis aquellas golondrinas, aviones y algunos vencejos que trastabillaban por estos andurriales y que al caer la tarde se movían en bandadas con su peculiar griterío. Todos estos amigos han desaparecido. Tampoco aparece, sólo de tarde en tarde, alguna despistada, de aquellas gaviotas que sembraban el pánico entre esos más chicos.

A todos se los ha llevado por delante el progreso., esas gaviotas ya no tienen granos sueltos que comer en el Puerto, donde ni hay silos, ni vienen barcos con grano. Sólo han quedado las palomas que todo lo invaden y ensucian y que han echado, literalmente, a los anteriores propietarios del espacio aéreo y terrestre del centro, gorriones y compañía.

Sé que hablar mal de las palomas es políticamente incorrecto, es un bicho con tradicionalmente muy buena prensa, o mejor, muy buena publicidad. Aun hoy, vates y orates se desmelenan cuando hablan de las palomas, la de la paz, la de Picasso, y la del vecino, y curiosamente siempre la pintan blanca e impoluta, sin pararse a ver que el blanco es ahora un color regresivo. Hay pocas blancas, casi todas son zuritas o marrones, y nadie, a pesar de su reconocida poética, quiera tenerlas en sus cercanías. Lo de los poetas y bardos de andar por casa, en los que incluyó a pregoneros varios, es comprensible, ya que son los mismos que hablan del olor a azahar y jazmín de Málaga, cuando la realidad es que Málaga huele fatal. Siguiendo con la paloma, es un bicho territorial, que procrea mucho y fácil, por lo que cada vez hay más y más atrevidas. Ya entran en bares, restaurantes, tiendas y casas particulares como si fueran empleadas del ayuntamiento.

Con esto, a pesar de lo que digan los que mandan y los que les hacen la pelota, estamos sumando otro grano más a la deshumanización de esta ciudad, donde los ciudadanos estorbamos, donde todas las actuaciones son para dejar el terreno libre para grandes actuaciones urbanísticas y pequeñas actuaciones artísticas, en chiringuitos y tablaos instalados en la calle, esa que antes era de todos (con permiso de Fraga) y en la que ahora solo valemos como comparsas.

Yo, en ese resto de romanticismo que aún me queda, echo de menos a mis gorriones, a despertar con su leve griterío, a las arriesgadas proezas aéreas de aquellas mis golondrinas a la caída de la tarde, cómo echo de menos el reflejo de las ráfagas de luz de la Farola, que llegaban hasta mi Plaza.

Pero, ¡ay!, me estoy quedando sólo. Tendré que seguir con lo de actualidad; muertes, desgracias, desfalcos y demás guarrerías habituales.

Hasta mañana           Pepeprado

Written by Pepeprado
De Málaga, España