Es 23 de abril, día de las Remedios y de las Remedios. No tengo ganas de escribir de esta rabiosa actualidad, ni siquiera para pedirle a los obispos que en vez de disculparse ahora por su ayuda a ETA, se disculpen y tomen medidas por su ayuda a los indepes. En vez de eso, ya que mi hábitat tradicional, el Pasaje Chinitas se ve amenazado por el nuevo becerro de oro, y ante su anunciada turistización, me voy, y me vais, a permitir un recuerdo personal, repaso a una vida en él. Allá vamos.

Pasaje Chinitas, mis recuerdos / Miro esa encrucijada recoleta, antiguo recuerdo del convento de agustinas, que une la Plaza de la Constitución con la calle Fresca en uno de los brazos de su crucero, y calle Santa María con calle  Nicasio Calle, la antigua del Toril en el otro brazo y que ni siquiera llega a la categoría de calle y se queda en humilde pasaje.

Ese cruce, por sí  mismo, tiene historia propia, historia muy variada, a veces con etapas efímeras, de las que solo rescato las de mis propios recuerdos para contarlos aquí en una muestra de un romanticismo ya mal visto en estos tiempos ultra tecnológicos. Vamos a ello, a pintar pequeños detalles de esa historia y para ello me apoyo en mi memoria y en mis propios apuntes coloridos o esbozos personales, de ese punto del discurrir de mi vida.

Allá por 1962, cuando todavía era el Pasaje de Álvarez,  estaba, “la fuente”. Simplemente eso, una pequeña fuente, humildemente clasicista y poco adornada, con un fuste estrecho que sería su perdición.

Por esa fragilidad, se la quiso cambiar, porque en un aciago día, un borracho, de los de antes, intentó refrescarse la cara en ella, con sus vapores etílicos agobiándolo, se apoyó con todo su peso, y el piloncillo central, alto y estrecho, no resistió y se partió. Tras este destrozo, según me han contado, un concejal, el señor García Granda, hablando con don Manuel Ocón Dueñas, -para toda Málaga, Manolo Ocón, el afilador del Pasaje de Chinitas, memoria viva de Málaga-, le comentó, que querían cambiarla por algo más resistente, porque costaba menos algo nuevo, que intentar arreglarla, aunque no tenían muy claro que poner para evitar esa fragilidad.

Parece que el señor Ocón, le comentó que estaría bonita, otra fuente, pero con una gitanilla en el centro o algo así, para que al ser el cuerpo central más rotundo, se evitaría otro descalabro. Por demás, se haría más airosa y tendría, por añadidura, un cierto toque algo más localista. Al concejal le gustó la idea y, dicho y hecho, manos a la obra.

Así, en 1977 se coloca la fuente de la Aguadora, una imagen anónima, que portaba un cántaro y que hacia una llamada a la antigua tradición de “ir a por agua a las fuentes”. A esta “aguadora”, mucha gente, sin pararse a pensarlo mucho, la atribuían ser la imagen de la Paula, una cantaora, por aquel entonces ya mayor, pero muy popular y querida en la Málaga de aquellos tiempos. Era una forma inconsciente de la gente, de aunar tradiciones locales y mobiliario urbano.

Tras esto, y al ser también esta nueva fuente, víctima del vandalismo que la descabezó, vandalismo que no nos engañemos, no es cosa de ahora, viene de lejos, se sustituyó por un sobrio y feo gran macetón, un simple vaso de grandes dimensiones, que ocupaba toda la superficie de las antiguas fuentes. Se suponía iba a ser un centro de flores, una nota de color y un toque de patio andaluz, pero que muy pronto, por el contrario, se convirtió en un especie de cenicero ciudadano, en el que en vez de flores cada vez había más colillas y papeluchos, lo que nunca dejaba cuajar ninguna flor y hacia del invento, más una especie de vertedero en vez del centro agradable proyectado.

Por esto, con buena intención y una buena dosis de desencanto, una concejala de aquel momento,  doña Adela Sanguinetti, decidió cambiarlo por algo más práctico y menos proclive al “uso ciudadano indiscriminado”, simplemente por motivos de limpieza y estética.

Se sustituyó, y se colocó a finales de los 80, posiblemente 1988, por una farolita, de estilo tardodecimonónico, mínima en su tamaño, poco recargada pero airosa, que emulaba, sin competir,  a la antigua de la Plaza de la Constitución, aquel famoso Sonajero de otra época, también desterrado actualmente del centro.

Esta escueta y humilde luminaria, es la que actualmente pervive, aunque en estos tiempos, cercada y constreñida por sillas y mesas, y oscurecida su vista por toldos y lonas, de tal modo que prácticamente, no se distingue su presencia.

Finalmente, en otra posible etapa de su devenir, hace poco, a raíz del fallecimiento de don Gregorio Sánchez, el popular Chiquito de la Calzá, a algunos malagueños, se les ocurrió que este sería un buen lugar para colocar una efigie, a tamaño natural de este cantaor y humorista.

En esas estamos, a  menos que las nuevas preferencias urbanísticas exijan otra cosa, que a buen seguro serán inmediatamente atendidas y que pueden pedir cualquier cosa.

N.B.- Mi agradecimiento a Manolo Ocón Peral, cuya memoria, heredera de la de su padre, ha sido una inmejorable fuente de información y confirmación. Gracias, Manolo. Gracias también a los que leáis esto, es más largo de lo habitual, pero una vida se tarda en resumirla.

Con esto, hasta mañana.                                   Pepeprado

          

Written by Pepeprado
De Málaga, España