Como voy tarde, muy tarde, no me da tiempo a mirar lo que haya pasado, aunque pienso que tampoco será nada del otro jueves, así que, a una de mis cosas.

Con eso de presupuestos, techos de gasto y reuniones de viejas glorias y de contrincantes de hoy en día, han pasado cosillas de esas que son las que nos afectan a los ciudadanos de a pie, bien porque nos toquen directamente o a alguien de nuestro entorno y no las hemos mirado bastante.

Una de ellas, que ha pasado casi desapercibida es esa nueva norma por la que se le puede poner a un nuevo ciudadanillo el apellido que se prefiera, el del presunto papá o el de la madre. Bueno, para esto el  mozalbete tiene que ser hispano cien por cien (no sé si esto gustará a algunos de esos que quieren ‘no ser’ españoles) porque a los foráneos se les aplicaran las normas de su país de origen.

Creo que ya dije que a mí esto de los apellidos me parece solo una útil herramienta de reconocimiento social y administrativo, no creo en el peso de los apellidos como carga o como presunción de algo. Para explicarme, si hoy alguien se presenta como Pepe Pérez García (por ejemplo), ya sabes que su papá es tu amigo Pérez el que está casado con la feroz García. A esto ayudaba antes, qué, generalmente, muchos nombres de pila, eran de usos familiares, había muchos pepes, pacos, manolos, etc… ahora los kevins, ivanes y sarays aportan pocas pistas. Como siempre, si esto gusta a alguien pues que sean felices, especialmente cuando es posible que ya mismo al nacer tatúen a los rorros un código de barras o un cuadradito de esos indescifrables en lugar visible, de esos que solo saben leer los ordenadores y móviles y punto pelota. Esto será una evolución del invento de don Adolfo el alemán, el que le tatuaba números a los prisioneros para ahorrar papeles, pero todo sea por la modernidad. Los nombres dejaran de tener importancia.  

Pero ahora, esto va a tener sus consecuencias. Hasta ahora, cuando alguna mamá o papá consideraba que el nombre del pater familias no era lo bastante lustroso per se, y que el que convenía era el de un abuelo o abuela de más rancio abolengo, la solución era los apellidos compuestos, esos que ahora en la época de los ordenadores con limitado número de espacios para los caracteres son complicados, y que cuando hay que tratar con gentes de otros países les son completamente inescrutables, pero esa solución ahora se va a quedar corta.

Ahora, va a haber apellidos que irán desapareciendo de la faz de la piel de toro, y a la vuelta de un par de generaciones, habrá quien ni se acuerde de cómo se llamaba el padre de la criatura. Dice la norma, que esto debe ser “por mutuo acuerdo” lo que significa que será lo que decida la parte más fiera de los que fabricaron al rorro. O sea, va a ser una cuestión de coj……, y se va a ver quién lleva los pantalones en algunas casas.

Como resultado, esto más que un arreglo de un problema que creo que no existía, va a ser otra patada a la convivencia ciudadana.

Hasta mañana.      Pepeprado

Written by Pepeprado
De Málaga, España