Hoy es el día de la Noche de Reyes. Por eso, y como lo de siempre sigue como siempre, mejor me olvido de eso que llaman actualidad, que en realidad lo más que trae, es que el berenjena del señor Trump confunde México con Melilla y me dedico a algunas reflexiones personales sobre el año ya pasado y vencido.

Si lo miramos con una cierta perspectiva, lo más llamativo ha sido lo que ha conseguido el señor Mas, don Arturete para los conocidos. Este señor, una especie de cáncer político que acaba con lo que toca, ha conseguido superar la marca del señor Arenas, esa de perder elecciones y seguir en su cargo, y que este había conseguido, tras batir a doña Cristina Almeida que se cargó todos los partidos en los que militó. Este tipo de políticos tóxicos para sus respectivos partidos, son algo que según creo solo se da en España, (en otros países los que pierden elecciones, generalmente se van a su casa), aunque para valorar lo exclusivo del personaje, reconozcamos que hemos logrado un producto inmejorable. Don Arturete, en un tiempo record se ha cargado la Generalitat, CiU, Convergencia, Junts pel Si, algunos elementos menores, y va camino de cargarse directamente a Cataluña entera… pero él sigue, a lo Felipito Tacatún. Veremos cuando dura la marca o quien la mejora.

Otra cosa. Sigue en su apogeo esa extraña hipocresía nacional sobre los niños. Por un lado. La sociedad se desgañita hablando de la protección del menor y se persigue eso que se ha dado en llamar la explotación del ídem, pero por otro, se les da cancha, altavoz y se promociona esa explotación. Porqué… como llamar a esos programas en los que se pone a los niños a cantar, bailar o cocinar para mayor honra y beneficio de sus papas, que a lo que aspiran es, dándole una vuelta de tuerca a lo tradicional, a ser ellos los que sean mantenidos por sus niños en vez de mantenerlos ellos. Todo esto pasa con la total anuencia de las autoridades, esa mismas autoridades qué, por ejemplo, si los propietarios de un modesto bar, pusieran a su púber a echarles una mano en el negocio, inmediatamente los denunciarían, multarían e, incluso, les harían perder la patria potestad. Ahora bien, si esos mismos papas los mandan a un concurso de la tele, bien a cantar, o a hacer soufflés y bullabesas, los aplaudirían a ambos, al nene y a sus progenitores. Eso sin tener en cuenta ni horarios laborales, ni el estrés ocasionado por dirigentes implacables, ni la explotación de imagen, ni… nada de nada. Esta duplicidad de puntos de vista está contemplada sin el menor rubor por nuestros dirigentes que, eso sí, dicen que los contratos de aprendizaje eran explotación. Pues nada, a seguir con ello.

Esta tarde la Cabalgata a Medida de algunos y esta noche reparto de regalos para todos, nos los merezcamos o no.

Hasta mañana.        Pepeprado

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