Segundo día y ya conociendo algo de la ciudad. Ante todo, y por eso tan humano de comparar, tengo que hablar de una experiencia fantástica; coger taxis.

Puede parecer una tontería, pero mientras coger un taxi en Málaga es una aventura, donde tras aguantar  las quejas del conductor de turno te meten una estocada digna del finado don Antonio Ordoñez que era posiblemente uno de los más hábiles con la espada de su tiempo, aquí, es todo lo contrario. Como somos un grupo de cuatro, decidimos coger un taxi para empezar e ir a la Magdalena y ¡oh sorpresa! Un taxista amabilísimo, que nos iba dando una pequeña guía turística del viaje, amable hasta romperse, y al final, una cuenta sorpréndente, 5 euritos, con lo que en Málaga solo consigues que te bajen la bandera. Tras esto, continuamos en el experimento y hemos cogido varios, y todos han sido igual, amabilidad, información, buen trato y precios ajustados. Con deciros que uno… ¡hasta nos pidió disculpas por haber tardado en llegar! (lo habíamos pedido por teléfono). Después, cuando nos dejó en el hotel nos deseó feliz estancia y que pasáramos un buen día. Esto es impensable en un taxista malaguita. Aun me dura la emoción.

Por lo demás, encantados con la ciudad, donde todos son amables, te ayudan, los monumentos están abiertos y casi no hay carteles de prohibición, grandes almacenes ni adocenamiento urbano. Sí hay muestras de las grandes cadenas, pero de forma más discreta y sin haberse comido al comercio tradicional.

Como es tarde para esto de escribir, pongo una fotitos, un par de ellas en plan bucólico y poético, y una gastronómica, y lo dejo. Mañana más.

Hasta mañana.      Pepeprado

Written by Pepeprado
De Málaga, España