Hay veces que fastidia tela el saber que tenías razón desde el principio, cuando muchos decían lo contrario. Me pasa ahora cuando veo que mi predicción temprana de que íbamos a unas terceras elecciones lleva camino de cumplirse. Los detalles que he leído del teatrillo de ayer, dan pena. Diputados que cobran un pastón, dedicándose a florear sus propias ambiciones, independentistas arrimando ascuas equivocadas a sus sardinas, neo progres mirándose el ombligo, etc… ¿En qué cenagal hemos caído? Da asco.

A lo que vamos. Fuera, a doña Dilma le han cortado las alas, (no sabemos si a los zapateristas que enchufó, esto les va a afectar), y bolivarianos y similares que se aprestan a lo que sea, para que el incendio no se contagie.

Pero, indudablemente, el que tiene una cara que se la pisa es don Donald, que se ha ido a Méjico a vender su idea del muro… y a convencerlos de que lo paguen ellos. El tío es un artista, peligroso, pero artista.

En el extraño culebrón de la desaparecida, un nuevo capítulo; “Retiran a la madre de Diana Quer la custodia de su hija menor”. Cada vez más raro.-

En cambio nadie hace caso a los escandalillos tradicionales. Parece van a llevar a juicio a un rapero, que despotricaba contra la Corona, con lo que está en su derecho, pero, ¡ay!, a su vez, apoyaba a los asesinos del Grapo, cosa no tan noble.

Tampoco se habla mucho del último ¿descubrimiento? de las alegrías de la administración susanísta; los enchufes en la universidad a golpe de dedo familiar o partidario. De eso no hablan los media, no conviene.

De lo que sí se habla hoy, venturosamente el teórico día del fin del verano, además de poner la canción del Dúo Dinámico, es de ese nuevo invento; el síndrome postvacacional. Es sorprendente esto.

De toda la vida, cuando acabábamos las vacaciones, estábamos cabreados, de mala leche, y con, indudablemente, pocas ganas de currar, pero eso, se veía normal, nadie se iba al médico ni le lloraba al jefe, entre otras cosas porque podía estar de la misma mala leche que tú y por las mismas razones. Pero ahora, ¡Dios, ahora todo es un síndrome! Todo merece una visita al galeno de turno.

Estamos en un momento en que todo son protecciones absurdas a base de dictámenes extraños. Hace poco leí un articulito sobre la sobreprotección a los niños, a los que ahora no se deja ir por las calles, no se les deja jugar en los parques, no se les permite pelearse ni discutir sin la intervención de sus papás. Me hizo recordar aquellos tiempos en los que lo raro en los púberes era quedarse en casa, Siempre estábamos fuera, comprábamos caramelos a granel, palodú, caña de azúcar, etc… y no nos pasaba nada. Uno de mis mejores recuerdos son los ratos que pasaba alquilando tebeos para leerlos en el mismo portal que los colgaba de sus palillos de la ropa… y mis padres lo veían normal. Todavía, cuando paso por donde estaba aquel portal, en mi calle, Santa María, junto a lo que aún queda, la Cerería, a veces miro a ver si han traído ya lo último del Capitán Trueno, o del Jabato…

¿Será esto también algún otro síndrome?

Hasta mañana.           Pepeprado

Written by Pepeprado
De Málaga, España