Todo se acaba, y este intermedio en el que en vez de esquivar turistas por la calle me he convertido en uno de ellos, también.

Anoche a las tantas volvimos a Viena, desde donde ya cuando cuelgue esto, iremos camino de casita. Los que me conocéis ya sabéis que opino que “como la casa de uno no hay nada” (en inglés, perdonadme la digresión lingüística, pero es para que veáis que en todas partes hay gente como yo, tienen el “nothing as my home”) y los viajes están bien, pero… con una medida.

La verdad es que ya tengo ganas, pero antes, unas fotillos para seguir con la costumbre. Viena como todas las grandes ciudades es inabarcable, e intentar verla y ver todo es totalmente imposible, así que lo único que puedes hacer es inyectarte pinceladas de ella y esperar que la memoria, ya descansada, ponga el resto y llene las lagunas más tarde.

Lo que sí quiero es compartir una experiencia; por primera vez en mi vida, he salido de viaje “sin” ninguna de mis cámaras. Por primera vez, lo he confiado todo a la cámara del móvil, y tengo que decir que ha sido un éxito. La comodidad ha sido total, y la disponibilidad extrema. Se ha acabado eso de que mientras preparas la cámara y te organizas, ha pasado el momento y se te ha escapado la imagen. También se ha acabado eso de intentar, a oscuras, ver las ruedecitas de enfoque, diafragma, etc… Ahora, con una mínima preparación previa (autofoco, panorama, etc…) está todo listo, y te has ahorrado cabreos y horas de ir tirando de la bolsa… y eso si no la pierdes, que también, me ha pasado. Así que os aconsejo, un buen móvil y al bolsillo con él.

Con esto, paso a las fotos en sí. Una es de una de esas cúpulas increíbles que aquí hay como setas.

Otra de un púlpito de la catedral de san Esteban, que es un espectáculo hecho piedra.

La tercera la pongo por el cartelito; “la guerra pertenece a los museos”. Ojalá fuera verdad y sólo la viéramos allí como un recuerdo, pero es para pensárselo.

La última es más de a ras de tierra, más humana, es de la cafetería del hotel Sacher, donde nos tomamos una sachertorten reglamentaria. Al fin y al cabo todo es cultura, incluso lo que te comes, si sabes comer con arte.

Con esto, termino pliego y dejo el epilogo para la casa.

Como todo el viernes es de avión y tren, no creo que pueda escribir nada, y naturalmente el finde, escapado a ver al nieto y las nietas. Si todo va bien, el lunes intentaré recuperar el pulso normal del blog… y me tragaré la actualidad del país, que no es para tomarla a risa.

Hasta la vista         Pepeprado

 

Written by Pepeprado
De Málaga, España