Como es natural, tras este fin de semana sangriento, hoy no hay más tema que el de los atentados de Francia.

Los medios de comunicación están dando noticias a cada momento, a veces entrevistando a gente a la que no dejan hablar para qué, en su lugar, se luzca el entrevistador opinando y contando cosas como si fueran ellos los testigos.

Por tanto, intentar añadir algo sobre el tema principal es casi imposible, ahora bien, sí es posible opinar sobre cómo se encajan estas cosas en cada país.

La reacción del pueblo francés, y de sus dirigentes, ha sido la natural. El pueblo ha culpado a los asesinos y se ha puesto de parte de su gobierno, qué, a su vez, se está mostrando apesadumbrado pero firme. Ayer mismo, don Hollande garantizaba que Francia iba a responder con firmeza y sin tregua. Hoy lo ha demostrado con su ataque al EI e incluso a nivel nacional, con el aviso de que cerrará las mezquitas en las que «se predique el odio»”.

Eso, que todos admiramos, aquí es impensable. Ya la misma noche de los atentados, nuestras televisiones estaban llenas de personas o personajes tremendamente buenistas que hablaban sólo de perdón, de templanza y de cariño hacia todo el mundo mundial.

Después, ya en las reacciones oficiales y oficialistas, hay incluso partidos, como el Podemos de don Pablo, que se niegan a firmar un pacto antiterrorista, cosa que llama la atención sobre los que siempre han sido admiradores del sátrapa Maúro, y del Irán donde le cortan la mano al primero que se descantilla. Ellos ahora, son de un güeno, güenísimo que asusta aunque hasta para esa bondad tienen sus excepciones, demostradas por su lideresa regional, doña Teresa Rodríguez, que ayer  mismo, en Málaga, aceptó esto; “Podemos se tiene que convertir en una herramienta más democrática, pero lo primero es echar al PP”, con lo que acepta implícitamente que democráticos no son y que su objetivo no es ayudar a los españoles, es “echar” a otro partido elegido democraticamente.

Esto no es nuevo. Yo, que aún tengo memoria, aun recuerdo la triste mañana de un sábado en la que tras los atentados de Madrid, hubo partidos políticos que en vez de culpar a los asesinos, sin ambages ni dudas, se dedicaron  a… culpar a su gobierno. Es triste, pero aquel golpe de Estado que yo vi desde mi balcón, cuando se acorralaba y se amenazaba a ciudadanos, simplemente por ir hacia la sede del PP, se aceptó sin rechistar y por lo visto estos días se pude volver a repetir. Dios nos coja confesados con estos defensores.

De lo demás, mejor dejarlo, aunque cómo detalle, ese mismo partido ha visto cómo su política de fichajes se les va chafando. Los señores Pérez Royo y Gómez Benítez no han querido ir en sus candidaturas, las del democrático Podemos.

Ahora, todos a esconder la cabeza bajo el ala. Hasta mañana

Pepeprado

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