Hoy no es día de periódicos, empiezo esto a varios miles de metros de altura, camino de Santander, a donde vamos a hacer una escapada buscando la lluvia, por aquello de ‘si Mahoma no viene a la montaña…’ (aunque ahora, Mahoma viene a todas partes).
Ya estoy disfrutando den las ‘comodidades’ de los viajes en avión de hoy en día, esas de, por ejemplo encajarte la mesilla delantera en pleno estómago, o encajar tu chaqueta en unos huecos repletos de maletas presuntamente pequeñas que lo ocupan todo. Después de todo, no me voy puedo quejar, esta vez voy en una compañía razonable, IB Express, si fuera en Ryanair, tendría que ir colgado de una percha.
Por supuesto, antes, un taxi que nos ha costado casi lo mismo que un tramo del viaje en avión, con un conductor equivocado (él quería estar en las Formula 1) y un café en el aeropuerto a precio de oro, titanio o cualquiera de esa cosas que hoy valen una pastizara, ya nos hemos subido a eso que antes llamaban, “el aparato”. Estas son las delicias del pre-viaje.
En realidad voy algo mosca, porque cuando he mirado en el teléfono la situación meteorológica de Santander y Málaga, he visto, … que allí hace menos frio que en nuestro pueblo, con lo que los aparejos de abrigo que llevo, ya me están dando una caló de narices.
Tras una razonable escala en Madrid, pensaba terminar esto en el avión, pero estoy en uno de esos asientos que parecen estudiados para gente con un solo brazo, y con la bandeja con el ordenador incrustada a la altura del ombligo, estando este a su vez, aprisionado por un cinturón apretado que casi me impide respirar, así que obviaré este tramo, y cuando llegue a mi destino y recobre la normal circulación de la sangre en las extremidades lo terminaré.
Por fin hemos llegado a nuestro destino, que nos ha recibido con un sol muy malagueño, una temperaturita nada fría y un calorcillo respetable, que ha hecho, que cuando hemos llegado al hotel, haya colgado esa cazadora que nunca me puedo poner porque nunca hace frio, y archivar bufanda y guantes.
Tras aclimatarnos, nos hemos ido a eso tan hispano que es comer más de la cuenta y echar un primer vistazo a esta ciudad.
Como casi siempre, envidia. Es preciosa, y con comercios y negocios de los de toda la vida, de esos que en Málaga, al menos en el centro, no quedan. Mañana, más tranquilo ya me explicaré mejor. Ahora voy a dar reposo a mi castigada columna que ya no está acostumbrada a estos trotes.
Hasta mañana.                   Pepeprado

Written by Pepeprado
De Málaga, España