He disfrutado.. tela

Es tarde, no he tenido ni tiempo ni lugar para leer las bienaventuranzas gubernamentales diarias en los periódicos del régimen, ni ver u oír las buenas noticias de teles o radios subvencionadas. Aclaro qué, cuando hablo de los medios  del régimen, no me refiero solo a los que lo son de plantilla, el País, el BOE, etc… me refiero también a los que lo son vía subvención y/o mediante contratos publicitarios ad hoc. Y no he tenido tiempo porque hoy he ido a disfrutar de las excelencias del sistema. Es decir, me he regocijado a pleno rendimiento, en vivo y en directo, de las alegrías del montaje administrativo-social de Su Sanchidad. Todo esto, hay que decirlo también, manejado por la Junta de Andalucía, a la que con toda seguridad, desde Madrid, como ahora la manejan “los otros”, echaran la culpa, poniéndose el ministerio correspondiente de perfil como si ellos fueran de otro planeta. Por estas cosas, a veces pienso que lo de ministerio, etimológicamente va más por lo de ‘misterio’ que por lo de ‘administrar’, pues a veces sus procelosos recovecos administrativos, hacen de ellos insondables pozos de eso, de misterio.

Sobreponiéndome a mi cabreo, que creo ha quedado patente, voy a contaros mi odisea vital matutina. Hoy, he ido a una cita que me dieron hace dos meses,… para pedir una cita. Suena redundante pero es así. Hace un par de meses, tras escanear infructuosamente “varios” códigos QRs que me habían dado en mano cuando fui a pedir cita en directo y no me dejaron pasar de la puerta, y tras recibir de todos la contestación estándar esa de, “fuera de servicio momentáneamente”, durante varios días, al fin en uno de los teléfonos del papelito con el que me despacharon, conseguí una cita con la… (¡oído al título!), “Oficina de Registro de la Junta de Andalucía, Delegación Territorial de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación” , ahí es nada… para hoy, es decir dos meses más tarde. Hoy, dócil y previsoramente, he ido, cargado de papeles para solicitar tres tipos de certificados de esos que ahora hacen falta para casi todo, en mi caso, para reconfirmar que estoy viejo, soy un inútil y que en un imaginario cartel de toros, si lo hubiera y no lo prohibiera algún alcalde, estaría presentado como ‘desecho de tienta y defectuoso’. Pues bien, he tenido que entregar unos pocos documentos, rellenar tres tipos de formularios, y solicitar esas citas, jurando por mis antepasados que soy yo, en persona y personalmente, quien los solicita y admitiendo que puedan husmear  en todas mis cuentas, actividades, pensiones, etc…. Tras el visto bueno de la muy amable señorita de la ventanilla, que ha sido la única nota amable y positiva de todo el sistema, me he atrevido y le he preguntado cómo continúo el asunto.

Va así, tengo que pedir otra cita para pedir cita, para una evaluación presencial, a ver si los papeles que he presentado, todos de hospitales muy reconocidos, son verdaderamente verdaderos. Para esto, tengo que entrar en Internet y pedir esa cita para poder ir a la cita de pedir cita. Una vez consiga esto, en… estima la señorita, que en unos 9 o 10 meses, si todo va bien, me darán cita para ese primer paso.

Cómo los otros dos certificados, dependen de ese primer certificado, y sabiendo que la resolución de ese primero no va a ser fulminantemente evacuada, por una sencilla regla de tres, esa que en otro ministerio, el de Presunta Educación quieren quitar, quizás para que no la empleemos para estos arteros cálculos, me sale que es muy posible que esos tres pasos estén cumplidos y ¿completados?, para allá el 2025 o 2026… si todo bien y marcha sin interrupciones tales como cambios y recambios de gobiernos, gobiernillos y gobiernetes. El problemilla que veo, es que yo, con 73 tacos de almanaque a mis espaldas, y en situación casi de irme por mis propios pasos a entregarme en el punto limpio más cercano, no sé si para ese lejano 2025/2026 estaré “operativo” y si esos certificados me van a valer para algo más que para adjuntármelos en el féretro, cual medallas a los caídos en la lucha administrativa. Por si acaso, avisaré a mi mujer que si ocurriera u ocurriese (léxico de bachillerato pre democrático) semejante evento, pida varias copias del Certificado de Defunción para adjuntarlos a esos trámites… si alguna vez me llamaran y evitarle a ella… tener que pedir cita para pedir cita.

Con un emocionado recuerdo a doña Celia, aquella lejana Ministra de Sanidad que anunció a los cuatro vientos, que las listas de espera para todo, se habían, venturosamente, acabado, dejo esto. Que nos os pase ná. Yo, por si acaso, esta tarde/noche me administraré un  gintónic…de Larios naturalmente, por lo que pueda pasar. Gracias Pedro, gracias Juanma y gracias a demás útil compañía.

Hasta el lunes,o al menos, eso espero,                          Pepeprado