A destiempo

Escribir aquí, en sábado, es algo poco habitual en mí, pero como llevo un par de días fuera, al volver recupero de alguna manera ese tiempo perdido o más bien despistado.

Mis ganas de desvarío no son tantas como para leerme los periódicos del día y empaparme en desgracias, así que voy a repensar en lo de mi cercano pasado.

Estuve en Córdoba, que como siempre me sigue encantando y que “aun” sigue manteniendo su imagen de ciudad a la antigua, con sus tiendas, sus establecimientos de artesanos y su espíritu local. Como siempre me dio una envidia bárbara al compararla con mi deshumanizada Málaga donde mi ayuntamiento hace lo posible por demostrarnos a los viejos que aun resistimos viviendo en el  centro, que somos un estorbo y que deberíamos morirnos, o bien al menos irnos.

Al estar de viaje, poca prensa he leído, pero por azar, me empapé enterito, y sin anestesia, “todo” el debate de no-investidura.

Viéndolo, me reafirmó en ni idea de que pocas novedades hay que merezcan la pena en nuestro panorama político. Todo siguió el orden establecido y el esquema previsto y esperado, incluido el teatrillo de los alegres chicos de Podemos, que como vieron que se les escapaba la reunión sin poder montar su número, aprovecharon la intervención del lince del PP, señor Hernando, ese al que le deben estar agradecidos los panaderos porque que hace que suba el pan cada vez que abre la boca, y montaron lo de la escapada al pasillo. Claro que cuando estaban fuera, se dieron cuenta que si mantenían mucho tiempo esta su esperada chorrada habitual, podía empezar la votación y le podían ahorrar el mal rato al PSOE, con lo que estos se quedarían en la gloria, así que volvieron con el rabo entre las piernas a defender… sus sueldos y prebendas.

Aparte de esto, en las intervenciones anteriores, lo de siempre, unos a desbarrar, otros a ensalzar, y algunos a pedir. Como estaba previsto, pedir unas elecciones con segunda vuelta para evitar estos líos de ahora; pedir la libre y abierta elección por candidatos en su circunscripción; pedir que se quite el Senado, que solo actúa como cementerio de elefantes de los partidos; pedir que se revise ese extrañísimo plan de pensiones para ellos que es una vergüenza nacional; pedir que se revisen los sueldos y enchufes de las autonomías; pedir que se eviten los desmadres contra la Constitución de algunos, y en fin, pedir esas cosas que  todo el mundo quiere, sin color de partido, pero que cuando ellos son elegidos se les olvida inmediatamente, todo eso… ni pedirlo ni tocarlo, no vaya a ser que por error informático o similar, se apruebe algo de ello y les fastidien el chiringuito.

Así, que me dejaron como siempre, desmoralizado y apenado por lo que están haciendo con este mi territorio, al que incluso algunos y algunas (lo del femenino forzado, es para ser actualmente políticamente correcto) se niegan a llamar España.

Lo dejo, no estoy para darle más vueltas al asunto, tenemos lo que hemos votado… ¿o no?

Hasta el lunes.             Pepeprado

Pepeprado
Escrito por Pepeprado
De Málaga, España