Hoy es ayer

Me explico. Ayer caí en la cuenta que esta mañana, la del venturoso 1 de Junio, no iba a poder sentarme a las teclas, porque tenía que hacer cosillas, entre ellas, abrir temporada de cuchipandas institucionales, porque ir a comer con unos amigos de los de siempre, ahora es ya institución. Así, cuando leáis esto que escribí hoy, que es para vosotros ayer, será hoy para todos. Por tanto, como de las noticias de mañana no puedo escribir hoy para que las leáis, esta vez sí, mañana, qué, repito, será hoy para vosotros, y como estoy seguro serán las mismas de todos los días, escribiré de otra cosa de esas que tengo archivadas en el pensamiento. ¡Ála! Os he puesto a pensar en la teoría de la mega relatividad, una que dice que todo, es relativo, depende del color del cristal con que se mira y de las dioptrías de las gafas que se usen.

Hablaré de algo que todos conocemos, los concursos televisivos. Estos meses de confinamiento, libertad restringida, e incluso, pseudo libertad aparente en la Neo Normalidad Sanchísta, como imagino ha pasado a muchos, he consumido más tele de la habitual. Pasados los primeros días, y visto el desbarajuste de las noticias, en las que el Simón se llevaba la palma del desconcierto y la desinformación, tuve que elegir y seleccionar. En películas, me decanté rápido por esas que llaman “antiguas”. En telefilms, tras un somero estudio, me quede con series de presunta intriga, con la salvedad de previamente expurgar (v. transitivo; “Quitar lo perjudicial o lo que estorba o sobra) y seleccionar sólo series francesa o inglesas. ¿Por qué? Simplemente porque en estas, con un solo muerto despachan el capitulo. En series yanquis, para cada capítulo hay no menos de una tonelada de munición gastada con sus correspondientes explosiones y ruidos, un par de docenas de muertos, y al menos cuatro o cinco violaciones. Eso es “demasiao p’al cuerpo”, especialmente para este cuerpo, el mío.

Y llegamos a los concursos. De estos, esos en los que los papás buscan a ver si pueden comer de sus hijos lo antes posible, o los que consisten en hacer cosas raras o preparar y comer cosas extrañas, los dejé desde el primer momento. Me concentré en los que presuntamente tienen un cierto aroma cultural, donde hacen preguntas, se esperan respuestas inteligentes por parte de los concursantes, o…incluso, del presentador, y siempre puedes aprender algo, coger algún detalle curiosón al menos.

En esto, lo primero que noté, es que había nacido una nueva especie laboral, un nuevo oficio o trabajo; el de concursante profesional. Parece que personal preparado no hay mucho, así que unos pocos están en una especie de apartadero donde las cadenas van a buscar quien les rellene horas de emisión. Estos, se hacen un nombre, tienen un currículo y van a buscarse la vida en ello. No me parece mal, especialmente si derraman sabiduría sobre el terreno, pero… (siempre hay un pero), lo que no está bien es que las cadenas, para no complicarse la vida, cuando ven que alguno de estos, les sube o mantiene las audiencias (según su punto de vista), inmediatamente parecen ponerlos en plantilla y da la impresión de que los “cuidan” en demasía. En algunos casos se les ve el plumero y contestan  cosas totalmente increíbles… a menos que antes no les hayan tangencialmente “indicado” que tema “podrían” preparar. Estoy convencido hay verdaderos expertos en algún tema, lo que pasaba en aquellos concursos de la extinta TVE, donde, por ejemplo, un conserje sabía más de pájaros que cualquiera de este mundo, pero la plena sabiduría de “todos” los temas, me parece, como mínimo, excepcional e increíble. No veo muy normal alguien experto en física nuclear, que a la vez sepa todo de series de comics, o de toda la serie de Juego de Tronos, y esté puesto en el cultivo de la Manihot esculenta, vulgo mandioca. Con el mismo ejemplo anterior, no creo que aquel magnifico pajarero, supiera el nombre de todos los ríos de todos los países sudamericanos, ni los terceros apellidos de todos los reyes de Sumatra. Así, que estos concursantes a lo que se ve, los cuidan con mimo, (hace poco había uno al que cada día le hacían un peinado diferente), dan al asunto un tufillo, cómo menos, sospechoso. En esto de (presuntamente, no vayamos a liarla) dirigir, direccionar y pastorear a “sus” concursantes de cabecera, A3 se lleva la palma. Ahí, los que han entrado en el Parnaso de Atresmedia tienen un porvenir.

Lo malo de esto, es que apartando a esos “escogidos” de Atenea, diosa de la Sabiduría, si contemplamos el conjunto de los aspirantes a sacar pasta con esto del concurseo, el asunto es lacrimoso. Desde una concursante que fue incapaz de nombrar un continente cualquiera cuando le preguntaron en cuál estaba el Everest, hasta los que sueltan verdaderas borricadas, hay de todo. Es especialmente grave cuando ves a jóvenes a los que se les notan los planes de estudio de estos años. Resultado, que hasta en esto, que me parecía una forma de echar el rato de forma poco arriesgada,,,   acaba dejándome preocupado.

Termino, quizás otro día me atreva a coleccionar algunos detalles de estos, pero por ayer, hoy y mañana, ya está bien.

Hasta mañana,o al menos, eso espero.        Pepeprado

Escrito por Pepeprado
De Málaga, España