¿Libertad?

Vamos a ver. Nos vendieron la moto de la libertad, pero nunca nos han contado qué entienden los actuales políticos por libertad. Así, comerse un roscón frente a la  casa de uno de los elegidos, no es libre, te puede llevar a la cárcel. Los que llevan años pagando plazos para tener su piso o casita, ya no la tienen… aunque sí tienen que seguir pagando, el agua, la luz y los plazos, porque según la libertad que se entiende ahora, al primero que se le haya antojado esa casa o ese piso, se ha metido dentro a vivir, y no hay forma de echarlo… curiosamente, por su libertad.

El concepto actual, hace que hasta esos que no quieren vacunarse porque no se fían un pelo, lo tengan que hacer por ‘cacharritos genitales’ (traducidlo vosotros al castellano de diario). Quede claro que yo sí quiero, y si me dejan, una vez hayan terminado de vacunarse alcaldes, concejales y obispos, voy a vacunarme… cuando nos toque a los puretas. No soy eso que ahora llaman “negacionístas”, pero a los que se niegan, no hay que obligarlos, lo que hay es que convencerlos. ¿Cómo se los convence? Con informaciones veraces y claridad en ellas, cosas que vistas las actuaciones del ahora aspirante a president y su esbirro Simón, no han sido ni son, lo más destacado de estos tiempos. Tener de Presidente nacional a un mentiroso compulsivo, que consigue la plusmarca de mentir más que lo que habla, algo matemáticamente difícil, tampoco ayuda. A cambio de no tener que convencer, quieren ponernos otro sistema de control, el Pasaporte Sanitario. Significa qué, si tú quieres ir a otra ciudad (no digamos al extranjero), o lo tienes o te fastidias sin salir. Este Gobierno que también extiende su control además de a la Justicia, a la hacienda personal, a la sanidad, a los resultados electorales en las elecciones, etc, quiere también controlar las expresiones. Así, corta las comunicaciones a algunos que les molestan, a cambio inundan las redes con sus mensajes automatizados, ahora aspiran a quitar el dinero en efectivo, para controlarnos los gastos por tarjeta. Pretenden sólo pensemos al dictado. Encima, al dictado de unos bots, esas maquinas de emitir ideas pre-programadas.

A cambio, nos dan libertades que nadie ha pedido y que son para echarse a llorar. La señora Marquesa de Galapagar, y sus ministros adjuntos, quieren colocarnos una ley trans, otra más, para que; “los niños puedan cambiar su nombre y su identidad y puedan mutilar sus genitales, sin que lo sepan sus padres y sin intervención o diagnóstico de cualquier médico, o psiquiatra”. Esta barbaridad, supondría que cualquier chaval, de cualquier edad, 12, 13, 14 años, con sólo ir al Registro Civil y pedirlo, obligaría al funcionario a tramitarle ese cambio de identidad. Así los chicos se convertirían en chicas y viceversa sin más trámite, o si los aspirantes así lo prefieren, se quedarían a medio camino. Ni siquiera tendrían que decírselo a sus padres, ya, cuando tras ajustarle los bajos, la SS los hormonara, ambas cosas también por simple petición, y aparecieran los cambios de aspecto, es cuando papá y mamá se caerían del guindo. Es barbaridad de tal tamaño, que hasta la menestra Carmen Calvo, no ejemplo de claridad mental, se opone, aunque lo único que puede hacer es… negociar la ley. Le parece que es pasarse (sólo) un pelín.

Es el camino al que nos está llevando esa “libertad” actual, que hace qué, por ejemplo, en Huesca, la Diputación reserve plazas para concursos de la administración, para ciudadanos trans. Con esa libertad actual, los que somos de un género claramente definido por la naturaleza, que nunca lo hemos cambiado y, para mayor oprobio administrativo, usamos la cabeza como tarro de pensar, lo tenemos crudo. Especialmente los jóvenes (y las jóvenas), porque para ellos no van a haber, de hecho en las teles ya no las hay, oportunidades de encontrar trabajo. Los vejetes, nuestra única preocupación debe ser defendernos de la eutanasia pasiva, esa que consiste en dejar nos vayamos muriendo lo más rápido posible, sin vacunas, y sin pensiones. Para nosotros, esa segregación es ya innecesaria, llega tarde, no tenemos arreglo.

Así qué, con esta libertad no estoy conforme, preferiría una en la que se pueda decir de todo, pero, que cada cual se tuviera que hacerse responsable de sus palabras… y de sus mentiras. Pero claro, ¿quienes van a poyar esa clase de libertad? ¿Los que mandan ahora? Ni nos lo planteemos, no lo van a hacer y además es imposible lo hagan, se quedarían sin trabajo, perdón, rectifico, sin trabajo no, sin cobrar.

Hasta mañana… o al menos eso espero.       Pepeprado

Pepeprado
Escrito por Pepeprado
De Málaga, España