Mentiras impunes

Antes de hablar de esas mentiras, recuperarme de la sorpresa; ya hay una Universidad Islámica en España. Como es natural, la han puesto en el sitio más liberal para los no naturales, en San Sebastián, corazón de Euskadi.  Me gustaría saber si en Teherán se podría poner una Universidad católica.

Ahora eso de las verdades y las mentiras. Ha dimitido don Soria, pero nadie más. En otro campo, también ha dimitido el presunto señor Villar, para eso de chupar del fútbol. El que nunca renuncia es don Almodóvar, que otra vez, es el “elegido” para representar a España en los Oscar. El único gesto positivo viene de doña Carme(n) Chacón, que se ha pasado al sector privado. Bien por ella, tarde, pero bien.

Cuando se viaja al extranjero, especialmente a los países anglosajones, tienes que rellenar un cuestionario donde te preguntan muchas cosas. A  muchos españoles les parece una chorrada, pero tiene su importancia. Si después, al llegar a la aduana, algo contradice lo que has firmado, por ejemplo llevas 3 kilos de chirimoyas y has firmado que no llevas productos perecederos… se te cae el pelo.

Hay otra muestra de lo importante que es en otros sitios el asuntillo de decir la verdad. Contra lo que se cree, a don Ricardo Nixon lo despidieron, no por ninguna de sus cochinadas, sino, simplemente… por haber mentido.

Frente a esta sacralización de la verdad, y en completa contraposición, está lo que podemos llamar, el estilo español.

Aquí vale todo. Cualquiera de nuestros políticos puede decir lo que le salga de los cacharritos, mantenella y sostenella sin enmendalla, y después, aunque la simple evolución de los acontecimientos demuestre que todo era mentira… no pasa nada.

Hay momentos en los que pienso que esta aversión a decir la verdad es algo patológico, y que para cualquier cargo político, se exige una prueba de saber mentir sin siquiera sonrojarse. Para redondear la jugada, en este aperreado país, a todos esos mentirosos institucionales, sus respectivos partidos, porque no olvidemos que esto pasa “en todos los partidos, viejos o jóvenes”, aparentan, y demuestran, sentirse obligados a respaldarlos y buscarles un enchufe lo mejor posible. Aquí, pasarse la verdad por el silletín, es un mérito añadido, y si esto se hace para encubrir al jefe de filas, el mérito ya se hace inconmensurable, con lo que la recompensa puede ser de nivel económico estratosférico.

Para los sufridos ciudadanos de a pie que aun amamos la verdad, y que preferimos usarla siempre, no hay cuartel. Para los mentirosos de infantería, los que están escalando puestos, la recompensa está en las tertulias televisivas y en las exclusivas (pagadas) periodísticas. Y en eso estamos.

En esta categoría de mentiras entra también la de omisión interesada. Por ejemplo, municipalmente hablando, nunca se avisó a los ciudadanos, que se iba a blindar todo el centro de Málaga y ahora, no hay el menor sonrojo en admitir esto; “Prevén extender la peatonalización por Álamos, Atarazanas y el Ayuntamiento/ El proyecto de la Alameda Principal forma parte de un conjunto de actuaciones para expulsar el tráfico que aún cruza el Centro”. Y se quedan tan frescos.

Aquí, lo único admirable, es lo acertado del verbo final; expulsar. Lo demás, es otra patraña más de las que nos encaloman día a día.

Hasta mañana.           Pepeprado

Pepeprado
Escrito por Pepeprado
De Málaga, España