Recapacitando

¡¡¡Ufff!!! Es 30 del último mes del año. No es día de mirar periódicos u oír noticias nefandas. Otro año cualquiera, en esta fecha,  daríamos la bienvenida al próximo, y los medios de pseudo comunicación, más bien de adoctrinamiento, empezarían a hacer gozosa lista de las bienaventuranzas del año ya casi pasado. En este no. En este las bienaventuranzas han sido escasas y las más de las veces teñidas del oscuro color del luto. Los chinos en su horóscopo ponen nombre de animales a sus tiempos, para ellos, el de la rata, para nosotros ha sido el Año del Bishito, en nuestro caso agravado por unos presuntos dirigentes con menos reflejos que una toalla, más dedicados a mirar las previsiones de cualesquiera posibles elecciones y a su bien personal, que al bienestar y progreso del país.

Ha sido año de desgracias, en el que se nos ha ido mucha gente que no debería haberse ido tan pronto y, a veces, pensamos que podían no haberse ido. En este abigarrado grupo de desaparecidos van juntos, amigos, conocidos y famosos, todos por igual, casi todos dejándonos un poco más vacios a los que nos quedamos.

Pero también ha sido año en que se han matado, no se han muerto, los y las han matado a conciencia, cosas que deberían haber sido intocables. Entre estas víctimas, inmersos en el raudo desguace de este país antes llamado España, ha sido notable y terrible el ataque, acoso y derribo a ese bien inalienable e inaprensible llamado cultura. La considero inaprensible porque la Cultura Total, así con mayúsculas, nunca se puede dar por conseguida ni por digerida, siempre hay cosas que aprender, conceptos que almacenar e informaciones que interpretar. Ha tiempo, y con el recelo que me da hablar de memoria a estas alturas, oí contar una anécdota creo que de don Marcelino Menéndez Pelayo, al que preguntaron en cierta ocasión esto; ¿Qué es cultura? Este, según cuentan, contestó; Cultura no es saberlo todo, es saber a quién preguntar o donde buscar. ‘Si non é vero, é ben trovato’, que diría un renacentista cursi, y así lo tomo.

Para esto, para saber preguntar y buscar hace falta algo que ahora se está matando día a día, la curiosidad. Esta, acompañada del esfuerzo, son los motores que han movido al mundo y lo han hecho a la vez más grande y más pequeño y cercano. Ahora, con la enésima infausta Ley de Educación, que más bien debería llamarse Ley de Adoctrinamiento Sistematizado, se matan ambos componentes. No hay curiosidad porque todo está digerido y tamizado por las eufemísticamente llamadas “redes sociales”, que las más de las veces, son sólo instrumentos empleados para pulverizar las ideas propias. La curiosidad y el esfuerzo ya no se premian, se puede tener un titulo de lo que sea comprándolo por Internet, o, lo que es aún peor, como hacen algunos dirigentes políticos… basta sólo con decirlo. Así se llega hasta a Presidente, siendo un embaucador y falseador de currículo, tanto que ayer mismo hubo quien, no hace falta mencionar nombres, se “marcaba el pegote” en un dicho muy de Málaga, de decir que en este año… ¡ha cumplido! O llegar a ministra una señorita que la única curiosidad que provoca, es saber cómo consiguió que un supermercado respetable, le diera la responsabilidad de ser cajera.

Los resultados de las leyes previas ya se están viendo, no hay más que ver programas de las teles o leer publicaciones, para constatar la falta de vocabulario y el desprecio a las reglas de acentuación o a las mínimas de ortografía. Es también visible cuando a algún ciudadanillo le preguntan por sus aspiraciones. Ya, no quieren ser arquitecto, ingeniero o, ni siquiera torero o astronauta, sólo queda algún rezagado que quiere ser futbolista pero de los de moda, no de los que luchan por esos campos del mundo, aparte algunas que quieren ser ‘personal shopper’, la mayoría, ahora quieren ser “influencers”, palabreja muy de moda en estos tiempos y que dicen, significa van contando su apasionante vida minuto a minuto. Lo más sorprendente es que hay legión de seguidores de tan aventureras narraciones. Salvando algunos concursos en los que algunos, veteranos transitan de unos a otros, llevándose la pasta, en la generalidad de ellos, lo que demuestran los concursantes, es su falta no solo de culturilla de andar por casa, también de su falta de vocabulario, que estoy seguro no va más allá de 200 o 250 palabras que les sirven de muletillas para todo, (tío, chupáo, guay, tronco, etc…).

Así, con este panorama, qué, desgraciadamente es el que van a encontrarse nuestros nietos, yo, a los míos intento llevar por la senda de los conocimientos, y amar esa perdida cultura.  Así, ¿quién puede escribir un epílogo satisfecho a este año del Maldito Bishito? Sólo queda esperar el milagro, a ver si el 2021 enmienda algo, aunque sea mínimo.

Hasta mañana,o al menos, eso espero.                       Pepeprado

Pepeprado
Escrito por Pepeprado
De Málaga, España