Terremotos y juzgadores

De fuera hablamos de dos terremotos, uno el de Ecuador que ya lleva 272 muertos y miles de heridos y evacuados, aunque como este es un país pobre, a los grandes no les importa demasiado. El otro terremoto es el de Brasil, el de doña Dilma a la que van a mandar al desempleo como mínimo, ya mismo. Aunque con ese nombre, tan parecido a Wilma, se puede venir con Pedro y Pablo a nuestros particulares dibujos desanimados.

De los asuntos panameños, mejor no hablar, están cumpliendo su función electoral. La anécdota, triste anécdota, es que ya ha salido en ellos don Rato, y que este, incluso le debe pasta a Hacienda… de Panamá. Un artista de la defraudación, este don Rodrigo.

Por lo demás, lo de siempre. Los periódicos y emisoras afines, dándo bombo a los presuntos resultados de la consulta a las bases de Podemos. Esta chorrada, en la que nadie controla quien vota y cuantas veces vota cada cual, es otro teatrillo para usar de coartada por el Jefe, así que darle importancia es simplemente de majaretas.

Hablando de esos media afines, anoche don Évole dio altavoz y publicidad a la campaña para lehendakari del tal Otegui (a este me resisto a llamarlo señor). Sigue sin auto condenarse, (si condena a ETA se está condenando a sí mismo), y lo que es denigrante es que este personaje esté en la calle y ya mismo, cobrando del Estado. Mientras, los muertos que él ayudó a matar, siguen muertos.

Políticamente, sólo que la Gran Esperanza Rubia del PSOE sigue campeándose por ferias y saraos, esperando que don Pedro se estrelle. A la Jefa de la Cortijá le gusta llegar a los puestos, no por votación, sino por aclamación y dedocracia.

Del finde en Málaga, psee, todo normal.

Ahora me gustaría hablar de esa nueva fauna que se ha establecido en España; la de los jurados de programas televisivos. Gracias a esta proliferación de programas cutres en los que enfrentan a la gente por cualquier motivo, bien por cocinar, por bailar, por irse a una isla, o por cualquier otra chorrada, hay una serie de impresentables, muchos de los cuales tienen  como único mérito ser carne de publicaciones couché, se pegan el lujo de aparentar intelectualidad y decidir sobre las aspiraciones, las ilusiones y las habilidades de otras personas, muchas de las cuales, en lo que dura el programa, ya han hecho más esfuerzo del que han hecho sus juzgadores a lo largo de todas sus vidas.

Presentadores y presentadoras con buenos enchufes aunque con poca carrera a sus espaldas, ejercen de padres o madres espirituales de los desgraciados concursantes que han caído en las manos de estas cadenas, y así se completa la actuación.

Naturalmente, muchos de estos implacables jueces del prójimo, gracias a estos concursos, no solo siguen viviendo del cuento, sino que además engordan su magro currículo y vuelven a ser llamados para estas lides justicieras.

Lo dejo, estas cosas me cabrean demasiado.

Hasta mañana.           Pepeprado

Pepeprado
Escrito por Pepeprado
De Málaga, España