Un epilogo que faltaba

Dije terminaría mis comentarios sobre el viaje el domingo, pero no contaba con mis nietos. Son sagrados y ayer me dedique a ir a verlos. Por eso, cumpliré hoy, aunque sea tarde.

El balance ha sido altamente positivo. A cualquiera que se lo esté pensando, lo animo a ir a Santander. Es un lugar precioso, tranquilo, en estos días muy arreglado para la Navidad, pero no como aquí, solo en la Plaza y calle Larios, sino en todo el centro y alrededores, donde están repartidas las luces y los adornos. De comida mejor no hablar, es un compendio de tierra y mar con dulces adosados y un café excelente, que te hacen comer aunque no quieras, ya que solo con la vista se te antojan cosas.

Además de esto, la escapada a Santillana del Mar, esa que dicen allí es la villa de las tres mentiras, ya que, ‘no es santa, no es llana ni tiene mar’, es algo imprescindible para relajar el espíritu. Posiblemente en verano sea más turística y por tanto algo más ajetreada, pero ahora en invierno, es algo así como un viaje a otro siglo, con calles empedradas, bancos de los que brota el agua, tranquilidad por doquier, y bares y restaurantes coquetos y bien servidos, a un muy bien precio. Todo eso, sin aglomeraciones, ni eso que ahora llaman, ‘relaciones públicas’ en la calle, metiéndote menús en las narices cuando pasas, y con la guinda de su colegiata que es merecedora de dedicarle unos minutos de tranquilidad. Esa, la tranquilidad es algo que se suma a estos viajes invernales, donde por ejemplo, de lo que hablamos ahora, del claustro de la colegiata, te puedes sentar en uno de sus bancos y degustar la vista y la tranquilidad sin agobios. En fin, que como digo, mereció la pena.

El remate del viaje, fue una inmersión en caliente en nuestra Málaga. Teníamos previsto que el avión llegara a eso de las 9 y algo de la noche, con lo que con un pequeño retraso, más el tiempo que el aeropuerto de Málaga dedica a entregar las maletas, nos haría llegar al centro a eso de las 10, pero, ¡ay! el avión llegó incluso antes de lo previsto, y la entrega de las maletas fue anormalmente rápida, con lo que a eso de las 9, estábamos cogiendo el taxi, y aquí viene una de las “ventajas” de vivir en el centro; el taxi nos tuvo que dejar, con las maletas, junto al rio, arrastrarlas toda la calle Cisneros, esquivando gente, y por fin llegar a la plaza a eso de las 9,20. Tras esto, sentarnos en uno de los bancos de piedra frente a los bancos de los dineros porque había un tapón de gente que cerraba el paso esperando el show, y a esperar. Tras diez minutos, empezó la música, duró otros diez minutos y otros cinco más para que la multitud se dispersara antes de poder entrar en casa. Un bonito remate local para un viaje que hasta ese momento había sido de total tranquilidad. Es lo que hay.

Con esto, cierro el viaje. Ya mañana me sumergiré en las alegrías de estos días pasados; el seguimiento de los futbolistas violadores, las andanzas y muertes de ‘Igor el Ruso’, la decisión de la Junta de quitarse de en medio en los juicios de los EREs, etc… es decir, esa cosillas que son la vida diaria. Naturalmente, aunque he estado hibernado de noticias, el asunto del que siempre se habla, lo tocaré mañana, pero hoy no quiero ni mencionarlo para apurar mi tiempo de tranquilidad y paz espiritual.

Eso sí, no puedo dejar de hacer referencia a esta noticia de hoy, que es un primor; “Ibiza se gasta 15.400 euros en placas solares y las instala a la sombra”. Para eso sirven las escuelas domesticadas, para que la gente no piense.

Hasta mañana.      Pepeprado

Written by Pepeprado
De Málaga, España